Desde un punto de vista filosófico, la conceptualización de la vida implica pensar tanto acerca de aquello que los seres humanos compartimos con otras formas de vida, como acerca del tipo de posibilidades y restricciones que impone nuestra naturaleza a lo que podemos (y, eventualmente, debemos) hacer. Tanto una como otras maneras de pensar acerca de la vida se encuentran articuladas en la obra de Aristóteles y de Tomás de Aquino, aunque una consideración acerca de cuán importante es la consideración de nuestra naturaleza para la comprensión de nuestra vida práctica se encuentra también en pensadores modernos como Kant y Hegel.
Cuando comprendemos la vida, nos situamos en un punto de vista que compartimos con otros seres sintientes; cuando tratamos de caracterizarla, descubrimos que no podemos evitar el lenguaje del propósito y de la intención, que es completamente ajeno a la descripción, y explicación, de la naturaleza de los objetos inanimados. En cierto sentido, la categoría “vida” (y “forma de vida”).